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La casa de Bernarda Alba: resumen

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Turno para Federico García Lorca. Hoy es el turno para el resumen de La casa de Bernarda Alba, una obra escrita en el año 1936. Como siempre, en formato #Miresumen.es: primero un resumen general de la obra, luego un resumen por actos de La casa de Bernarda Alba y para terminar un análisis de los personajes junto con un comentario de texto para que puedas hacer el tuyo propio. Aquí tienes el resumen en PDF para descargar:

Resumen de La casa de Bernarda Alba

La obra comienza en un ambiente sofocante, justo después del funeral del segundo marido de Bernarda Alba. El sonido de las campanas doblando llena la casa, marcando el inicio de un luto riguroso de ocho años impuesto por la matriarca. Bernarda, una mujer autoritaria y dominante, vestida de negro riguroso, prohíbe a sus cinco hijas salir de casa y tener cualquier tipo de contacto con hombres. «En ocho años que dure el luto, no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. ¡Nos habíamos acostumbrado a estar solas!», declara con firmeza, estableciendo la atmósfera opresiva que dominará la obra.

Las criadas, Poncia y Criada, discuten en secreto sobre la difunta ama y el carácter tiránico de Bernarda, mientras preparan la casa para el regreso de la familia del funeral. Poncia, que ha servido a Bernarda durante 30 años, conoce bien su naturaleza dominante y la hipocresía que esconde tras la fachada de rectitud y moralidad.

Las mujeres de luto entran lentamente en la casa, vestidas de negro y con rostros sombríos. Bernarda aparece con sus cinco hijas: Angustias, la mayor, de 39 años, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela, la menor, de 20 años. Bernarda impone su orden con mano dura: les ordena a todas que se sienten, regaña a Magdalena por llorar y discute con algunas de las mujeres de luto, dejando claro que no le gusta la compañía y que se considera superior a los demás en el pueblo. «¡Ella, la más decente; ella, la más alta! ¡Buen descanso ganó su pobre marido!», exclama una de las mujeres en un aparte, revelando la verdadera opinión del pueblo sobre la altivez de Bernarda.

Mientras las mujeres se van, Bernarda critica la «mala sangre» del pueblo y afirma que no permitirá que sus hijas sean entregadas a ningún «gañán». Poncia le recuerda que sus hijas están en la edad de casarse, especialmente Angustias, pero Bernarda se enfurece y dice que no hay nadie digno de sus hijas en cien leguas a la redonda. La herencia de Angustias, proveniente de su padre, la convierte en la más «deseable» de las hermanas, a pesar de su edad y su aspecto enfermizo.

María Josefa, la madre de Bernarda, de 80 años y con evidentes signos de demencia senil, entra con flores en el pelo, exigiendo que le devuelvan su gargantilla de perlas. Quiere casarse con un hombre de la orilla del mar y tener alegría, representando un anhelo de libertad que contrasta con la represión impuesta por Bernarda. «Déjame salir, Bernarda! ¡A la calle!», grita, pero Bernarda ordena a las criadas que la encierren en su habitación.

En el segundo acto, la tensión en la casa se hace más palpable. Las hijas de Bernarda están sentadas bordando y hablando de la próxima boda de Angustias con Pepe el Romano. La mención de Pepe despierta la curiosidad y los deseos ocultos de las hermanas. Poncia les cuenta a las chicas sobre su propia experiencia de cortejo con su difunto esposo, describiendo un matrimonio apasionado que contrasta con la frialdad que se respira en la casa de Bernarda. También les advierte sobre las dificultades del matrimonio y la importancia de la libertad.

Adela, la hija menor, se une a ellas y se enfurece cuando Martirio insinúa que está enamorada de Pepe. Adela proclama que hará lo que quiera con su cuerpo, expresando su rebeldía contra las normas impuestas por su madre. Poncia intenta razonar con ella y le aconseja que espere a que Angustias y Pepe se casen, ya que Angustias, debido a su delicada salud, probablemente no sobrevivirá al parto. Entonces, Adela podría casarse con Pepe. Adela ignora el consejo y Poncia la amenaza con revelar su secreto. Sin embargo, Adela no tiene miedo y admite abiertamente que ama a Pepe.

Angustias entra y acusa a sus hermanas de robarle un retrato de Pepe, revelando la rivalidad y los celos que existen entre ellas. Bernarda entra y exige saber quién lo hizo. Poncia encuentra el retrato entre las sábanas de Martirio, confirmando las sospechas de Adela sobre los sentimientos de su hermana hacia Pepe. Bernarda la golpea con su bastón y Martirio le dice que no la toque. Adela acusa a Martirio de estar enamorada de Pepe, y Martirio amenaza con revelar los secretos de Adela. La tensión entre las hermanas alcanza un punto crítico.

Poncia y Bernarda discuten sobre el comportamiento de las niñas. Poncia advierte a Bernarda sobre lo que está sucediendo en su casa, pero Bernarda se niega a escuchar. Ella cree que sus hijas la respetan demasiado para desafiarla. Poncia le asegura que no es así y que la pasión y el deseo pueden más que cualquier imposición.

La llegada de Criada, anunciando un gran gentío en la calle, interrumpe la discusión. Bernarda envía a Poncia para averiguar qué está pasando, y ordena a sus hijas que vayan al patio. Poncia regresa y les cuenta la terrible historia de la hija de Librada, una mujer soltera que ha tenido un hijo y, para ocultar su vergüenza, lo ha matado. La multitud está arrastrando a la hija de Librada por la calle para lincharla. Bernarda, con su moral rígida e inflexible, ordena a la multitud que la mate. Este episodio refleja la crueldad y la hipocresía de la sociedad en la que viven, donde se castiga con brutalidad a quienes se atreven a desafiar las normas morales.

En el tercer acto, la tensión llega a su clímax. Bernarda y sus hijas cenan con Prudencia, una vecina. Prudencia pregunta por la próxima boda de Angustias y comenta lo contenta que debe estar Bernarda. Angustias, sin embargo, no parece muy feliz y le dice a su madre que cree que Pepe le está ocultando cosas. Bernarda le dice que no lo pregunte y que confíe en él, mostrando una vez más su incapacidad para comprender los verdaderos sentimientos de sus hijas.

Después de que Prudencia se va, Adela sale a tomar un poco de aire fresco, buscando un momento de libertad y quizás un encuentro furtivo con Pepe. Martirio, consumida por los celos, la sigue, dispuesta a enfrentarse a su hermana. Poncia y Bernarda se quedan atrás y discuten sobre el creciente conflicto en la casa. Bernarda, ciega a la realidad, se niega a admitir que algo anda mal. «Mi vigilancia lo puede todo», afirma con arrogancia, ignorando las advertencias de Poncia sobre la fuerza del deseo y la imposibilidad de controlar los corazones de sus hijas.

María Josefa, la madre de Bernarda, se escapa de su habitación con una oveja en los brazos, representando la locura y la libertad reprimida. Le dice a Martirio que tendrá muchos hijos y todos tendrán el pelo blanco como la espuma, una profecía que alude a la esterilidad y la frustración que se cierne sobre la casa. También dice que Pepe el Romano es un gigante que los devorará a todos, presagiando la tragedia que se avecina.

Martirio encuentra a Adela en el corral y la enfrenta, exigiéndole que deje a Pepe en paz. Ambas discuten sobre quién tiene derecho a Pepe, desatando una batalla verbal llena de reproches y acusaciones. Martirio, llena de celos y amargura, le confiesa a Adela que también ama a Pepe, revelando la profundidad de su frustración y su desesperación. Adela, decidida a luchar por su amor, se niega a dar marcha atrás.

Martirio, incapaz de contener su rabia y sus celos, llama a Bernarda. Cuando llega Bernarda, Martirio revela que Adela estaba con Pepe y señala las enaguas de Adela llenas de paja de trigo, prueba irrefutable de su encuentro clandestino. Adela se enfrenta a su madre con valentía y le dice que Pepe dominará su casa, desafiando abiertamente su autoridad y sus normas. Bernarda, furiosa y humillada, sale corriendo a buscar su escopeta, decidida a defender el «honor» de su familia.

En un momento de gran tensión dramática, Adela se libera del agarre de Angustias mientras Bernarda dispara la escopeta. Martirio anuncia que Pepe se ha ido, huyendo de la ira de Bernarda. Adela, desesperada al creer que Pepe ha muerto y que su amor es imposible, sale corriendo hacia su habitación. Se oye un golpe seco y un silencio congelador. Poncia entra en la habitación de Adela y sale gritando, anunciando la tragedia. Adela se ha ahorcado, poniendo fin a su sufrimiento y a la opresión que la ahogaba.

La obra termina con una escena impactante que resume la tragedia y la hipocresía que dominan la casa de Bernarda Alba. Bernarda, fría e imperturbable, ordena a sus hijas que vistan a Adela como una doncella y les dice a todos que Adela murió virgen. «¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestidla como una doncella. ¡Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen!», exclama con firmeza, imponiendo su versión de los hechos y ocultando la verdad a toda costa. Exige silencio y declara que su familia se hundirá en un mar de luto, perpetuando el ciclo de represión y frustración que ha llevado a la muerte a su hija menor. La última imagen de la obra es la de Bernarda imponiendo su ley y su silencio, una metáfora de la opresión y la hipocresía que continuarán reinando en la casa de Bernarda Alba.

La casa de Bernarda Alba: resumen por actos

Análisis de los personajes de La casa de Bernarda Alba

Resumen del libro La casa de Bernarda Alba: comentario de texto

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